Dr. G. Bances. Creado el 2/7/2026
La neoplasia intraepitelial vaginal —conocida como NIVa, o VaIN por sus siglas en inglés— es una lesión precancerosa que se desarrolla en la mucosa de la vagina. Al igual que las lesiones del cuello uterino, está relacionada principalmente con la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), sobre todo el genotipo 16.
Es una condición poco frecuente. Suele presentarse en mujeres alrededor de los 50-60 años, que tienen simultáneamente o tuvieron como antecedente una lesión o cáncer de cuello uterino; puede presentarse incluso años después de la extirpación de útero (histerectomía). Por esta razón, si usted tiene antecedente de lesiones cervicales, vulvares o de una histerectomía por esa causa, es importante mantener los controles ginecológicos periódicos, incluida la citología y colposcopia de la cúpula vaginal.
La vaginectomía parcial es la extirpación quirúrgica, por vía vaginal, del segmento de mucosa donde se encuentra la lesión, generalmente en el tercio superior de la vagina (la zona más frecuentemente afectada, sobre todo en pacientes con histerectomía previa).
A diferencia de tratamientos como el láser o la electrofulguración, que destruyen el tejido, la vaginectomía retira la lesión completa y en una sola pieza. Esto tiene una ventaja importante: permite al patólogo examinar todo el espesor del tejido y descartar con mayor seguridad la presencia de un cáncer invasor oculto, algo que puede encontrarse hasta en 1 de cada 8 a 10 pacientes operadas por NIVa de alto grado, incluso cuando la biopsia previa solo mostraba una lesión intraepitelial.
El procedimiento se realiza bajo anestesia (general o regional, según cada caso). Se delimita la lesión con la aplicación de yodo (test de Schiller), se reseca el segmento de mucosa vaginal comprometido y luego se cierra el lecho quirúrgico con sutura reabsorbible. En algunos casos se coloca un taponamiento vaginal temporal para controlar el sangrado.
La elección del tratamiento depende del grado de la lesión, su extensión, ubicación, el número de focos comprometidos, la edad, el estado hormonal y los antecedentes de cada paciente. Las guías especializadas señalan que:
La vaginectomía (escisión quirúrgica) es el tratamiento de elección para lesiones de alto grado (NIVa 2-3), especialmente cuando son únicas, están en el tercio superior de la vagina o se ubican sobre cicatrices de una histerectomía previa, ya que en esa zona el riesgo de un cáncer oculto es mayor. Para la NIVa 1 que persisten, la cirugía no es la primera opción; aunque es una buena opción cuando hay una lesión única, pequeña y que por la anatomía vaginal no se afecte la funcionalidad de la vagina.
La vaginectomía ofrece la tasa de curación más alta entre los tratamientos disponibles (alrededor de 80%, frente a aproximadamente 68-69% con láser y menos aún con tratamientos tópicos), y la menor tasa de recurrencia cuando los bordes quirúrgicos quedan libres de lesión (cerca de 10%, frente a 30-35% cuando el margen está comprometido).
El láser de CO2 se prefiere en mujeres jóvenes, lesiones multifocales o cuando se desea preservar al máximo la longitud vaginal, aunque tiene menor eficacia y no permite el estudio histológico completo de la lesión.
Los tratamientos tópicos (como el imiquimod o el 5-fluorouracilo) se reservan como segunda línea, con menor nivel de evidencia.
La radioterapia puede ser una alternativa en casos seleccionados, pero se asocia a efectos secundarios más severos (estenosis vaginal, síntomas urinarios, ulceración), por lo que no es la primera opción.
En resumen: el tratamiento se individualiza según cada caso, pero cuando existe una lesión de alto grado, única y bien localizada —sobre todo en el tercio superior de la vagina—, la vaginectomía parcial por vía vaginal suele ser la opción más segura y efectiva.
Como toda cirugía, la vaginectomía parcial tiene riesgos. En términos generales, las complicaciones ocurren en aproximadamente 1 de cada 10 pacientes, y en la mayoría de los casos son manejables. Es importante que usted las conozca:
Sangrado
Es la complicación más frecuente. Puede presentarse durante la cirugía o en los primeros días del postoperatorio, mientras cicatriza la zona donde se retiró el tejido. En la mayoría de los casos se controla con medidas locales (taponamiento); rara vez requiere una segunda intervención.
Lesión de órganos vecinos (vejiga o recto)
La vagina está en contacto directo con la vejiga (por delante) y el recto (por detrás), por lo que existe un riesgo, aunque bajo, de lesionar alguna de estas estructuras durante la disección, especialmente si hay cicatrices de cirugías previas. Si esto ocurre, se repara en el mismo acto quirúrgico o mediante manejo conservador con sonda vesical prolongada.
Fístula (comunicación anómala con vejiga o recto)
Es una complicación infrecuente. Cuando aparece, suele manifestarse como salida de orina u otro contenido por la vagina en los días o semanas posteriores a la cirugía. Muchas veces se resuelve con manejo conservador (sonda vesical prolongada); en otros casos requiere una nueva cirugía.
Acortamiento y estrechamiento (estenosis) de la vagina
Al retirar tejido vaginal, es posible que la vagina quede algo más corta o estrecha, sobre todo si la resección es amplia. Esto puede generar molestias o dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia). El uso de dilatadores vaginales y la reanudación gradual de la actividad sexual después de la cicatrización ayudan a prevenir y tratar este problema.
Infección de la herida
Es poco frecuente gracias al uso de antibiótico profiláctico. Se manifiesta con flujo de mal olor, dolor o fiebre.
Lesión residual o recurrencia
A pesar de la cirugía, existe la posibilidad de que la lesión reaparezca (hasta en 1 de cada 5 casos según algunas series, con tasas menores cuando los márgenes quedan libres de lesión) o de que el margen de resección muestre lesión persistente en el estudio de patología. Por eso el seguimiento posterior con citología y colposcopia es indispensable, sin importar el resultado de la cirugía.
Instrucciones para antes, durante y después de la vaginectomía parcial
Informe sobre cualquier alergia a medicamentos.
Comunique si toma algún medicamento de forma habitual (en especial anticoagulantes, ya que pueden requerir ajuste antes de la cirugía), o si tiene alguna enfermedad crónica.
Avise si existe la posibilidad de que le llegue la menstruación en la fecha programada.
Coordine con anticipación las fechas de los exámenes e interconsultas preoperatorias.
Si es una paciente posmenopáusica, su médico podría indicarle estrógeno vaginal local en las semanas previas a la cirugía, ya que mejora la calidad del tejido y facilita la cicatrización.
Ayune al menos 8 horas antes de la hora programada.
Llegue 1 hora antes de la hora de la cirugía.
Venga acompañada de un adulto que pueda ayudarla con los trámites y el traslado a casa.
Se le colocará una sonda vesical (para vaciar la vejiga durante el procedimiento), que generalmente se retira el mismo día; ocasionalmente podría solicitarse que permanezca más tiempo.
Siga las indicaciones del anestesiólogo.
Es posible que se coloque un taponamiento vaginal temporal, que se retira según indicación médica, generalmente en las primeras 24 horas.
Se le recetará un analgésico para el dolor y, en algunos casos, un antibiótico preventivo.
El reposo relativo es de 7 a 10 días. Evite el esfuerzo físico intenso y el permanecer de pie por periodos prolongados durante este tiempo.
Es normal presentar sangrado leve o flujo oscuro durante las primeras 2 a 4 semanas. Comuníquese con su médico si el sangrado es abundante (mayor que una menstruación normal), si el flujo tiene mal olor, o si presenta dolor pélvico o fiebre.
Si nota salida de orina o de gases/heces por la vagina, avise a su médico de inmediato, ya que podría ser un signo de fístula.
Evite las relaciones sexuales y el uso de tampones o duchas vaginales durante al menos 6 semanas, o hasta que su médico confirme que la cicatrización se ha completado.
Podría indicarle el uso de dilatadores vaginales o la reanudación temprana (pero cuidadosa) de la actividad sexual una vez cicatrizada la zona, con el fin de prevenir el estrechamiento del canal vaginal.
Mantenga su aseo habitual con agua tibia, evitando el jabón directo sobre la herida y las duchas vaginales.
Acuda a sus controles de seguimiento con citología y colposcopia según lo indicado, incluso si se siente bien, ya que el control a largo plazo es esencial para detectar a tiempo cualquier lesión residual o recurrente.
¿La vaginectomía parcial afecta mi vida sexual?
Puede haber un periodo de adaptación mientras cicatriza el tejido, y en algunos casos un leve acortamiento o estrechamiento de la vagina. El uso de dilatadores y la retoma gradual de la actividad sexual, según indicación médica, ayudan a que la función sexual se recupere adecuadamente.
¿Es una cirugía mayor?
No necesariamente. En la mayoría de los casos es un procedimiento de baja complejidad, con hospitalización corta (a veces de un día) y un tiempo operatorio breve, aunque esto depende de la extensión de la lesión y de la existencia de cirugías previas en la zona.
¿Por qué se recomienda cirugía si la lesión es "solo" intraepitelial y no cáncer?
Porque la NIVa de alto grado tiene potencial de progresar a un cáncer invasor si no se trata, y porque en un porcentaje no despreciable de casos, al analizar la pieza quirúrgica completa, se descubre que ya existía un foco de invasión que no se había detectado en la biopsia inicial.